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Perdido en una librería

El fin de semana pasado me visitó por primera vez un amigo chileno que conocí cuando me fui a estudiar un curso a aquel país. Durante los dos meses que estuve por allá, él fue quien me apoyó en mi estadía, llevándome a conocer los lugares, diciéndome dónde podía comprar el material que me pedían y enseñándome a hablar con sus anglicismos. Incluso cuando ya no pude pagar el hotel en el que me que me estaba quedando me dio asilo, por lo cual quedé profundamente agradecido con él y con su familia. Dos años después de que yo me regresé a México, por fin vino a mi país y recibió el mismo trato que él me dio en sus tierras: el mejor.

Él tenía muchas ganas de probar la comida mexicana y comprobar si lo que decían acerca del chile era cierto, es decir, que era de los más picosos. Lo comprobó hasta las lágrimas. Fue muy divertido verlo sufrir. Pero lo mejor que pudo haberle pasado fue que lo llevara a un tour por la calle de Donceles, muy conocida por su gran cantidad de establecimientos, pero hay una parte en la que en cada esquina hay una librería, y eso le encantó como buen lector. Entrábamos en cada una que encontrábamos, él se ponía a hojear todos los libros y cuando uno le gustaba, lo guardaba bajo el brazo y seguía hojeando. Podía pasar horas y horas, pero no quería perderse el resto de las librerías, así que apresuraba el paso y nos marchábamos a nuestro siguiente destino.

Fue en una librería llamada ‘El Laberinto’ donde se quedó asombrado, no tanto por la gran cantidad de títulos que ahí había, sino por el nombre y cómo estaba diseñada, como un verdadero laberinto. No me pareció nada del otro mundo, sí era interesante el diseño, pero no para dejarte boquiabierto como le sucedió a mi amigo chileno, así que le pregunté qué fue lo que tanto le había emocionado. Me contestó con otra pregunta: ¿has leído algún libro de la saga del cementerio de los libros olvidados? Le dije que no, entonces procedió a contarme brevemente que en esos libros mencionan un lugar que parece un laberinto lleno de libros, un sitio que está resguardado por un cuidador, pues hay libros tan secretos y peligrosos que no deben caer en manos imprudentes. Me quedé fascinado por su relato y me dieron ganas de leer aquella saga escrita por Carlos Ruiz Zafón y que consta de cuatro novelas.

Tras su estadía de semana y media se regresó a su país, no sin antes agradecerme por llevarlo al que desde entonces llamó ‘la librería de los libros olvidados’. Yo sólo sonreí y lo abracé, esperando volver a verlo muy pronto, supongo que era mi turno para ir a Chile de nueva cuenta. Por cierto, ya tengo en mis manos los cuatro libros del escritor español y estoy ansioso por comenzar a devorarlos hasta conocer el Cementerio de los Libros Olvidados.

Fuente: KiwiLimon.com